sábado, 8 de diciembre de 2012

H Κρήτη, Creta -9. Φραγκοκάστελο, Frankokástelo


Grecia, agosto 2011

Ναι, 


Quien haya leído El capitán Mihalis, Libertad o muerte aquí, de Nikos Kazantsákis, entenderá porqué elegimos un recorrido por la Creta heróica antes que por la minoica. Entre otras buenas razones, además de la literaria o musical, por las siguientes: nos cae más cercana en el tiempo, tiene más que ver con la actual y conserva sus testigos en pie dentro de lo que cabe, y sin el artificio de las restauraciones. Sfakiá era uno de los vértices de ese triángulo patriótico, digamos.
Φραγκοκάστελλο.  Paseo por el interior de la fortaleza, 2012. 

Esto resultó tan cierto y tuvimos tanta suerte, que en Frankokástelo, un centro simbólico de esa Creta, fuimos a parar al Aeolos, la casa de un descendiente directo de un héroe sfakiota de la lucha contra los turcos, antepasado que, incluso, tiene un busto dedicado al lado mismo de la fortaleza.
Se trata de Stratis-Nikos Delliyannakis (1799-1874), vástago de una familia numerosa de Boubas, aldea entre Jora Sfakión y Frankokástelo, con cinco hermanos varones, todos ellos kapetanioi, cabecillas de la resistencia en Sfakiá.

Enseguida entablamos conversación con Zeódoros, que es el descendiente actual al que me refería. Nos preguntó, nada más llegar, cómo una familia de españoles con niños habían elegido aquel lugar tan apartado para pasar sus vacaciones. Y ahí empezamos ya con el capitán Mihalis y Psarandonis. Nos contaba, riendo divertido, que la iglesia ortodoxa había excomulgado a Kazantsakis.

Στ. Ξαρχάκου, Νικ. Γκάτσου.  Μανα μου Έλλας.  Grecia, madre mía.

http://www.youtube.com/watch?v=G2Ds4pl1Xyk&feature=related

En un momento, mencioné a Stavros Xarjakos, ateniense de alma cretense, autor de la banda sonora de la película Rebétiko, donde hay canciones de Nikos Gatsos que hablan de la resistencia, Mana mou Éllas, Ta pediá tis aminis, Stin Salamina... . Y Zeódoros resultó ser también un entusiasta de aquellas canciones.
Yo había llevado un CD de esa grabación, regalo del mi Dimitraki y cuando me lo vió, asombrado,  me lo pidió para escucharlo esos días. Naturalmente se lo regalé.

Son muy especiales los cretenses, y los sfakiotas en particular, a la hora de recibir regalos. Orgullosos, es raro que expresen de palabra un agradecimiento, consideran el presente como una especie de deuda de honor a la que deben responder. Y normalmente lo hacen en silencio. Como decía una guía a propósito de esto: de pronto encuentras en la maleta o en la bolsa de mano un paquetito que no sabes en principio de dónde vino.
Después comprendes que es la respuesta callada y generosa a tu amistad.

Στ. Ξαρχάκου, Νικ. Γκάτσου. Rebétiko. Tis aminis ta pediá. Los chavales de la guerrilla.

http://www.youtube.com/watch?v=0TmDYoHJg6Y&feature=related

Nosotros nos encontramos, mientras estuvimos allí hospedados muy agusto y bien tratados, un kilo de yogurt casero de oveja y, al marchar, litro y medio de aceite de oliva de su cosecha. Para ensalzar la bondad de ambas cosas me faltan palabras. 

Delliyannakis, Dalianís, Daskaloyiannis..., paisanos que entregaron su vida a la causa de la libertad, el último desollado vivo por los turcos en la plaza pública de Candía (Hiraclion), en presencia de su familia y de toda la ciudad.

Héroes sfakiotas en la memoria colectiva, trasunto del Capitán Mihalis de Kazantsakis, como la propia fortaleza de Frankokástelo.
Por eso, haber encontrado a un tataranieto de Stratis-Nikos era, salvando pocas distancias, como si un griego viene a España, e interesado en Galdós y la guerra de la Independencia, fuera a hospedarse en casa de un descendiente del Empecinado, que siguiera habitando al lado del lugar de nacimiento del guerrillero.
Τραγουδι του Δασκαλογιάννη.  La canción de Daskaloyiannis.

El aislamiento de Creta, y de Sfakiá en especial, ha hecho que esos trágicos episodios de su historia  hayan permanecido muy vivos hasta hoy. No olvidemos que Creta no obtuvo su total independencia y adhesión a Grecia hasta octubre de 1913.
Y sin contar con los más recientes atropellos, matanzas y represalias de los alemanes durante la ocupación de la isla en la 2ª Guerra Mundial: las gargantas fueran el lugar por donde los cretenses ayudaron a evacuar a las escasas tropas aliadas inglesas acantonadas en la isla, y todas desembocan en Sfakiá, desde cuyos puertos fueron embarcadas.

Es cierto que Creta no es la de antaño, que añoraba Paul Morand en una visita en 1960, ya no había "montañeses con cuchillos de plata y fusil de palikari... . En el kafenío... el narguilé no presidía ya los fumaderos públicos en la acera. Por allí habían pasado paracaidistas y bombarderos, por esta Creta donde Dédalo montó, para Ícaro, la primera pista de aterrizaje". De acuerdo, pero el que tuvo retuvo.

Algo queda todavía de la antigua fama, apreciable en la gallardía de muchas de sus gentes, en la apostura, la planta recia y firme, la mirada limpia y directa, el carácter callado, serio, pero generoso y apasionado..., todo esto y mucho más, sin duda.
Anopolis, Sfakiá. Creta.  Δασκαλογιάννης Χορός.  La danza de Daskalogiannis.  
Papel de envolver de la carnicería de los hermanos  Yiannakakis
Frankokástelo. Creta 2003

Jristos Yiannakakis, el más fuerte y Yiannis, el pequeño, unos 25 años, son dos hemanos que llevan el kafenío, con un anejo que es kreatopolío, carnicería (kreas, carne) y charcutería, quesería, etc.
Son de uno de los pueblos que rodean Frankokástelo, concretamente Kalíkrates, en lo alto de las montañas y a la entrada de la garganta del mismo nombre, ésa que termina en Patzianós, frente a la fortaleza, como conté en un capítulo precedente.
Viven de ese negocio veraniego pero, sobre todo, como la mayoría de las familias cretenses, de los olivos, de la ganadería ovina y caprina, y sus derivados, carne, embutidos, leche, yogures y quesos.

Απο το CD: "15 Χρονια Μανωλιούδης - Χαλκιαδάκης"
Lira, Χαλκιαδάκης. Voz, Μανωλιούδης.  Στα μεθυσμενα λογια μου.  En mis borrachas palabras.

Nada más llegar en el autobús de Janiá e instalarnos en el Aeolos, yo salí a una primera compra de cosas básicas, leche, fruta, queso, unos tomates, aceitunas, café, azúcar, sal, aceite... . Entré en la carnicería porque tenían de casi todo y al lado estaba el kafenío, el único del pueblo, pensaba en un helinikó y una tzikudiá antes de volver a casa. Era por la tarde, al final de la siesta, pero el sol pegaba inmortal, curruca!.

Yannis, que creo que era el pequeño, ¡es que se parecían mucho!, me atendió en la tienda y en el kafenío. No había nadie. Pasamos al bar y vi un poster con un músico que no conocía, no recuerdo el nombre, ¿tal vez Sfakianakis?  Le pregunté por él y  se volvió a armar, como en Arkadi con el vigilante del museo, como con Nikos en Janiá o con Zodóros en el Aeolos.

Bueno, pues salí de allí invitado al café y al tzikudiá, con dos cintas de regalo, una de ritzítica grabada en una Panayía de la zona, y otra de un cantante más moderno del que no sé tampoco el nombre, porque son grabaciones caseras donde no figura la autoría. Para colmo se me había olvidado el orégano y me regaló también una bolsa del que recoge su madre todos los años por las montañas de Sfakiá, ¡¡agggg, Panayitsa mouuuu!!!... . Ellos nos suministraron también el que ese otoño trajimos en la caja de productos cretenses, el rígani y otras muchas cosas, caja con su historia que espero contar algún día.

Απο την συμμετοχή του Γ. Μανωλιούδη στον δίσκο του Νίκου Στριλιγκα: Του Ψηλορειτη Ακουσμα. Γιώργος  Μανωλιούδης.  Οταν μετρω τα λαθη μου.  Cuando mido mis errores.

http://www.youtube.com/watch?v=VQW8GQureuY&feature=related

Con estas entradas de pura fortuna podéis imaginar que nuestra estancia allí fue una bendición. Sin mencionar el panorama, la playa o la temperatura. Había, además, un chiringuito cerca del Aeolos, El Oasis de Nikos, donde comíamos muchos días comida casera griega a precio proletario, y donde celebramos la cena de nuestro 25 aniversario de pareja bien avenida.

Hay una anécdota que puede ilustrar un poco el carácter reservado, escueto, y silencioso de los sfakiotas.
El padre de los Yannakakis, un hombre de pelo blanco, más que fornido cuadrado, como de unos 70 años, con unos grandes mostachos de la categoría del brío que se adivinaba en la recia naturaleza de aquel hombre, leía muchos días el periódico en el kafenío de los hijos.

Aquella mañana estaba solo cuando entramos. Respondió con una inclinación de cabeza a nuestro saludo, ¡kalimera!, buen día.
Nos sentamos en una mesa cercana y pedimos los consabidos dio helinikús metrius, dos cafés griegos semidulces, y unos tzikudiás. El hombre siguió a lo suyo, muy enfrascado en la lectura del diario.

Σφακιά Κρήτης, Sfakiá de Creta.   Χορός, Baile.
Entretanto había llegado al bar uno de los hermanos, que venía a sustituir al otro, porque estaban con la recogida de la aceituna y se alternaban en las labores. Mientras se pasaban los trastos y el recién llegado se hacía cargo de la situación, a mí se me ocurrió preguntar al padre si ahora era el tiempo de las aceitunas verdes. Como no sabía muy bien cómo formular la pregunta, lo hice en mi griego skyládiko, aindiao y dije, dirigiéndome a él un poco acobardado:

Συγνώμη, τώρα ελιές πράσινες ?

(Signomi, tora eliés práxines?, o sea, Perdón, ¿ahora aceitunas verdes?) 

La pregunta quedó en suspenso largo rato, flotando en el glorioso éter sfakiota.

El periódico tapaba completamente la cara del hombre y yo no me atrevía a formular de nuevo la pregunta, no sabía si es que no me habría oído, si no me entendió, si la pregunta no era pertinente o me ignoraba olímpicamente.
En estos pensamientos estaba, y diría que había pasado ya un minuto, cuando vemos que el sfakiota baja muy lentamente el periódico, descubriendo el pelo bravo, la frente, las espesas cejas, los ojos, la formidable nariz griega y el bigotazo, y contesta, con la voz ronca y profunda de un viejo fumador de narguilé desde el Antro del Ida:

 Ναι

(Ne, Sí)

Eso fue todo, alzó despacio el diario y volvió a su concentrada soledad detrás de las páginas. Punto en boca, ni una palabra más. Silencio. Cualquier otra cosa hubiera roto la magia de aquel instante único: el sol entraba franco y maravilloso hasta el centro del kafenío... ¡Acojonante!.

Manolioudis,  Mias stigmis apofasi. 



Grecia, verano 2011

Por su extensión debería haber desdoblado este capítulo, pero ahora ya llegué aquí y no me apetece reordenarlo de otro modo.
Quedan cosas por contar todavía, espero que en el próximo pueda incluírlas, porque tratará de una excursión a Patzianós, al lado de Frankokástelo, el pueblo de Nikos el del Oasis, pueblecito del que he subido aquí varias acuarelas en capítulos de Archipiélagos, de Música cretense o de Escritores griegos, final del Φαράγγι, Farayi, la Garganta de Kalíkrates.

Y si me dejo llevar no termino nunca, ¡porque Creta misma es interminable!...

Γιώργος Μανωλιούδης.  Είχα έναν φίλο μια φορά. Una vez tuve un amigo.

http://www.youtube.com/watch?v=b3RoWxU1AuQ&feature=related

Υγεία, Salud!

Barbarómiros

4 comentarios:

  1. Interesantísimo y la anecdota de las aceitunas, genial. Parece sacada de una pelicula de indios y vaqueros. ¡Hau!
    Un besito
    viriato

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    1. ¡Jáu, kapetanios!
      Pocas veces un simple monosílabo dice tanto.
      Creo que Fermor es quien mejor describe el carácter cretense, y lo compara con el de Mani, más sombrío. Y no recuerdo si es él también el que cuenta anécdotas de su estancia en Creta durante la ocupación alemana, donde los diálogos durante las largas noches de guerrilla y guardia en las montañas, eran todos de este tenor, incluso sin palabras, sólo con los gestos más desnudos. ¡Pero cuando beben, cantan y bailan se les desata la lengua y la pasión!.

      Salud y abrazos.
      ramiro

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  2. Estoy leyendo el de Mani de Fermor, ya te contaré.

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    1. ¡Ahí, ahí!, erudición, conocimiento de primera mano y pasión, todo lo tiene, ¡un frío inglés, ja!.
      Besos.

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